Categoría: Mi Cuento De Navidad
07/01/2008 GMT 1
06/01/2008 GMT 1
La nieve rosa de Emma
A 2.000 metros de altura algo estaba pasando. Miles y millones de pompones blancos y regordetes descendían entre las nubes de algodón. Los copos de nieve se deslizaban lentamente acariciando las nubes, procurando hacerse cada vez más esponjosos y gorditos. Se preparaban para su primer vuelvo. Empezaba a nevar en ese instante sobre el pueblo de Risa. -¡Emma! Emma no escuchaba en ese momento. Estaba soñando y era un sueño del que no quería despertar. Se estaba muy bien. Se encontraba en un palacio rosa roseado por un lago de aguas tan cristalinas que podía verse cada uno de los preciosos peces rosas que vivían en él. El palacio conectaba con la tierra mediante un puente pequeño y muy cuco también rosa. Todo muy rosa. Pero Emma estaba en esa edad en la que a algunas niñas les da por que todo sea de ese color: la muñeca rosa, el pony rosa, la casa de la muñeca rosa, la casa del pony rosa, el peine para peinar a la muñequita y al pony (...) rosa... Pero había una cosa más que Emma siempre había deseado que fuese rosa: la nieve. Y todos los años lo pedía por Navidad. Nunca se le concedía, claro, pero la niñita insistía año tras año en su deseo con la esperanza de que se le cumpliera. -¡Emma! El palacio rosa se fue desvaneciendo y a los oídos de Emma llegó la voz de su hermana. Abrió los ojos y escuchó atentamente. Había algo más detrás del grito: Un leve y constante rumor. Se levantó de un salto y corrió por el pasillo, bajó las escaleras y no se fijó en que pasó de largo a su hermana. -Emma, te decía que... Ni caso. Abrió la puerta y se quedo parada en la entrada. Se arrodilló y tocó con sus manitas la fina capa de nieve bajo sus pies. Era nieve, sí... pero blanca. Hacía un año ya que pidió que nevara rosa y ni un solo día de los 365 se había cumplido su deseo. ¡Pero este año sí nevaría rosa! Porque ya sabía donde estaba el problema. Tomó una decisión. Esta vez lo iba a desear con más fuerza y más alto que nunca para que las nubes la escuchasen. Para ella ahí estaba el problema: las nubes estaban demasiado altas y no habían oído su deseo. Y así lo hizo. Durante esa noche, la noche de Noche Buena, después de dar y recibir todos los regalos de su familia y amigos, Emma se fue a su cuarto y cerró la puerta. Decidida, se puso sus botitas rosas y subió al tejado. Avanzaba entre la pizarra del techo poco a poco y, por supuesto, con cuidado de no caerse ni de romper sus queridísimas botitas rosas. El viento no le dejaba casi andar pero Emma al final lo consiguió. Llegó hasta el punto más alto de la casa, el lugar más alto que conocía y el más peligroso, más allá incluso del tejado: la boca de la chimenea. Se subió encima y se puso en pie. Se tambaleó un poco por el aire pero ni cayó ni pensaba hacerlo.Antes tenía que pedir su deseo. Cogió su colgante de la suerte -Un pony en miniatura- y lo cerró entre sus manitas abrigadas por manoplas. El viento disminuyó. Se concentró en ellas y en el mini pony que encerraban en su interior, en el ligero viento que le acariciaba la cara y que jugaba con sus dos coletas; se concentró también en la chimenea que pisaban su pies, la casa que había debajo de ésta, las casas de alrededor, la calle, los coches y, por último, en las nubes. Era difícil. Estaban muy lejos. Pero logró concentrarse también en ellas. Sobretodo en ellas. Y entonces lo gritó. Sin palabras, sin gestos sólo con su deseo y su ilusión. La ilusión más pura e inocente de todas. La ilusión de un niño. Solo las nubes podrían haberla oído. Emma abrió los ojos y se quedó mirando el cielo, satisfecha. Asintió conforme y comenzó a bajar por el tejado. -¡Emma! -Su hermana otra vez. -¡Voy! –Entró por la ventana y se sentó sobre los mullidos cojines de su cama. -¿Que estabas haciendo ahí arriba? -Les estaba pidiendo a las nubes que nevase rosa. -A ... ¿En el tejado? -¡Es que si no, no me oyen! Su hermana sonrió y le revolvió el pelo con ternura. -¡Anda corre que vamos a cenar ya! Y Emma salió disparada por el pasillo.Sin embargo su hermana se quedó parada mirándola. -Esta niña... –suspiró. Después de la cena mandaron a Emma a la cama. Cayó dormida enseguida. Profundamente dormida. Los pájaros piaban, se abrió a lo lejos una persiana seguida de la exclamación de un niño, el pueblo comenzaba a despertar. Emma no era la excepción. Abrió los ojos, bostezó y se sentó sobre la cama. Y entonces lo oyó. Se puso tensa y agudizó mucho el oído. No podía haber escuchado eso, tenía que haberse confundido. Temblaba como un flan. Giró lentamente la cabeza hacia la ventana. El corazón se le detuvo por un instante y los ojos parecieron salirle de la cara. Se alzó corriendo, se puso sus zapatillas peludas rosas y como un rayo cruzó el pasillo, bajó las escaleras y llegó hasta la puerta de entrada. Se puso de puntillas, su manita temblaba pero lentamente giró el pomo. Emma soltó un grito ahogado. Ni oyó el chirrido de la puerta, ni los gritos de un niño alucinando ante aquel paisaje, ni los ronroneos de Blanquita- su gata- que se restregaba entre sus piernas. Solo tenía oídos, ojos, voz y pensamiento para aquellos copos que caían tranquilamente ajenos a los ojitos extremadamente abiertos que los observaban. Unos ojitos que se empezaban a llenar de lágrimas. Sorbiéndose la nariz, Emma se agachó y, como si fuese cristal, cogió un poco de aquella extraña nieve. Nieve rosa. Nieve rosa. ¡NIEVE ROSA! Cayó al suelo y se echó a llorar. Su deseo por fin se había cumplido. Reía mientras lloraba, sonreía mientras le caían las lágrimas por la cara. Miraba atentamente aquel paisaje puro, rosa y límpio mientras guardaba entre sus manitas un poco de nieve rosa. Ahora me acuerdo de ella mientras miro un tarro de cristal lleno de un trozo de un sueño: del sueño de una niña que un día me regaló un poco de nieve rosa. Marina Torres de Fuentes 3ºL
03/01/2008 GMT 1
Los deseos se hacen realidad.
Cristina Gil Sáiz 3ESOL
Otro año más en el hospital. Otra navidad más sin ganas de celebrar la felicidad que esta época supone. No tengo emoción esperar la noche del 25 de diciembre a abrir los regalos que me trae mi madre, simplemente espero en la cama del hospital a que la muerte me lleve con ella.
Se me a caído el pelo y estoy débil, ya he perdido la fe o como lo llaman “le espíritu de la navidad”.
Mis amigos ya no vienen a verme, los comprendo, ya no vale la pena. Seguro que están en sus casas esperando a que toquen las doce para llevarse sus regalos traídos del Corte Ingles y sus derivados.
Lo único que me anima en estas fechas es mi hermana pequeña y mi padre que vienen a verme con esperanzas de que el año que viene no tengan que volver a venir y que podamos celebrar este día en casa.
Son las 9 de la mañana dentro de una hora tengo quimio, no espero nerviosa, no me importa.
Después de que me hicieran el tratamiento me volvieron a llevar a la habitación, esto se me hacia insoportable, llevo ya un año metida aquí dentro, quiero salir a andar pero cada vez que lo intento me mareo y mi madre no me deja salir porque tiene miedo.
Me pase las horas viendo el televisor, los anuncios de regalos, las telenovelas, los especiales de navidad, ya a la hora de cenar llegan mi padre y Carol, mi hermana, entran y nos dan dos besos a mi madre y a mi.
Carol que tiene 5 añitos se sienta a mi lado con una caja y un poco mas cambiada, tenia un trasquilon en el pelo enorme, jeje.
Mientras mis padres hablaban a escondidas, supongo que de mi, que voy de mal en peor , pero no me afecta. Luego se giran hacia mi y dicen:
-Hija, para darte tu regalo no vamos a esperar hasta mañana, te lo damos ahora-dice mi madre sacando un regalo del bolso-
Lo abro y veo que es un comió, bueno no esta mal, así por lo menos no me aburro.
-Mama? Se lo puedo dar yo ahora?-dice Carol-
-Le has hecho un regalo a tu hermana, con que dinero?-dice sorprendida-
-No me a costado dinero-dejándomelo encima de las piernas-
Lo abro y en el fondo de la cajita hay un mechón de pelo atado con un lazo, ya se porque tiene un trasquilon en el pelo.
-Esto es tuyo?-pregunto-
-Si! Y los de mi clase también me han dado un regalo para ti!-sacando de los bolsillos mas mechones-
No se porque pero ese regalo me emociono mucho, mi hermana no sabia exactamente lo que me pasaba, solo veía que no tenia pelo y me trajo suyo. Eso me hizo pensar que no la podía decepcionar, recobro un poco la esperanza, supongo que puedo parecer feliz delante de ella aunque sea.
Llego el día de noche vieja, yo seguía en el hospital un poco más feliz y también me encontraba mejor, pero supongo que no duraría mucho. Hoy también era el cumple años de Carol y también vinieron al hospital a tomarse aquí las uvas.
-Felicidades enana!-le digo nada mas entrar por la puerta-
Mi madre también la felicita. Cenamos y ellos empiezan a tomar las uvas y cuando ya han acabado nos felicitamos mutuamente. Después empezamos a decir lo que queremos para este año.
-Yo quiero mas amor-dice mi madre-
-Yo que no alla guerras- mi padre-
-Yo he pedido que mi hermana se cure y que podamos jugar-dice Carol-
Pasaron las dos semanas y me dieron la noticia de que me podía ir pronto porque me curaría. Las siguientes navidades las pase en mi casa con los míos, fue un milagro de la navidad, un regalo de los reyes y el deseo de mi hermanita. Hola! Soy Cris, que nada, espero que os haya gustado mi cuentecito, que me lo he currado. Como no se me ocurrió sobre que escribir, los cuentos de siempre de los reyes, que los niños dejan de creer y todo eso, me puse a escuchar música y hay una canción de my chemical romance (ya se que estoy viciada pero me da igual lo que digáis) que se titula cáncer y nada de hay salio esto. Nada mas, espero que os guste y comentarme! Besos gente!

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